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Testimonios

Hna. Jessica Wong (Toronto, Canadá)
La manera como descubrí mi vocación siempre me recuerda que no soy yo quien lo ha elegido a Dios sino Él a mí. Nací y fui criada en una familia católica en Hong Kong y a los 13 años me mudé a Canadá. Estando en el primer año de universidad, fui a un retiro espiritual donde me dijeron que la vocación está dentro de nosotros y tenemos que descubrirla, ya en el último año de universidad, cuando me preguntaba que quería hacer de mi vida al terminar mis estudios, caí en cuenta que tenía muchos deseos de gritarle al mundo que ¡Dios es real! y comencé a cuestionar mi vocación a la vida consagrada. Fue en ese tiempo cuando me invitaron a un viaje de misiones a Perú y me inscribí esperando descubrir lo que Dios quería de mí, en éste este viaje conocí a las Siervas. Una de las hermanas nos explicó que en nuestras misiones íbamos a ver a muchas personas necesitadas, con necesidad de comida, de trabajo etc. también nos dijo que los necesitados no sólo están en Perú sino que en todo el mundo, porque ante todo son necesitados de Dios y que antes que la ayuda material siempre debíamos de llevarles a Cristo, Este fue un momento importante, pues identifiqué lo que mi corazón anhelaba.

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 JW

Hna. Juliana Resende (Rio de Janeiro, Brasil)
Parece curioso pero hasta que tenía 23 años nunca había pensado en ser religiosa. Me parecía una bonita vocación para los demás, pero yo pensaba que no era para mí. Soy brasileña, hija de médicos, de una familia católica de tres hermanas y mis planes eran estudiar para poder llegar a ser doctora yo también, ese era mi gran ideal. Cuando concluí mis estudios y empecé a trabajar, en el contacto con los enfermos descubrí que ellos no necesitaban solamente de cuidados médicos, necesitaban encontrarse con Dios, al mismo tiempo percibía que todo lo que había vivido antes era bueno pero no me llenaba, descubría en mi interior un gran vacío, como una sed profunda, poco a poco fui descubriendo que sólo El podría saciarme con su amor infinito y llenar mi vida de sentido, de plenitud, de verdadera felicidad. Después de algunos meses de discernimiento percibí con claridad y con certeza que este era mi camino, que ésta era mi vocación – entregar mi vida a Dios y a todos los necesitados en las Siervas del Plan de Dios. Al responder, tuve una experiencia de paz que jamás había experimentado antes. Hoy estoy convencida de que cuanto más amo, cuanto más me entrego, más me encuentro conmigo misma y descubro una alegría profunda, que nace solamente del encuentro personal con el Señor Jesús y del cumplimiento de su Plan de Amor.