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“He visitado todos los rincones del Oriente Antioqueño y soy feliz de servir a mis hermanos”

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Colombia, 10 junio 2016.- Hace más de un año venimos trabajando en la Pastoral Social de la Diócesis de Sonsón-Rionegro en Colombia, área encargada de llevar la acción caritativa de la Iglesia a nuestros hermanos más necesitados de la diócesis, a través de distintos proyectos como las Casas Pan y Vida, los talleres y acompañamiento a los habitantes de la calle, a los adultos mayores y a los enfermos. Nuestra hermana Melissa Agudelo nos comparte la hermosa experiencia que tiene al poder visitar diariamente los lugares más lejanos de la diócesis llevando la presencia y el amor del Señor y la cercanía de la Iglesia.

 

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Desde hace un año y medio tengo la bendicion de trabajar en la Pastoral Social de la Diócesis de Sonsón - Rionegro en Colombia; he tenido la oportunidad de visitar todos los rincones del Oriente Antioqueño: llegando a los pueblos más alejados de esta región que han sufrido en carne propia las consecuencias de la guerra de nuestro País Visitar estos pueblos me ha permitido entender la experiencia de tristeza y de soledad de nuestros hermanos que allí viven, pero al mismo tiempo he tenido el regalo de ver en ellos el rostro de la esperanza, de quien confía en un futuro mejor y de quien cree que las promesas de Dios se cumplirán, esto se refleja en aquellos rostros agradecidos con la Iglesia que nunca, por mas difíciles que fueran las circunstancias, los ha dejado solos.

IMG 2289Esta misión me ha permitido tocar las llagas de Cristo en el hermano que sufre, en aquellos que habitan en la calle, en el pobre y en el enfermo; mirando el rostro del hermano despojado de todas sus seguridades, he descubierto las más grandes riquezas: la riqueza de quien vive de lo esencial; corazones limpios y dispuestos a dar todo lo que poseen, lo mejor de sí. Me llena de alegría entender que en ellos está el verdadero rostro de Cristo, que me pide que lo consuele, que limpie y sane sus heridas, Él realmente está presente en ellos, en sus ojos encuentro la mirada de Dios, su sonrisa acogedora y agradecida, su profundas manos dispuestas a recibir la mías, ¡es Cristo mismo! no me queda duda. Donde vaya es el Señor quien me recibe, que me extiende sus brazos, quien me da la oportunidad de darle lo que Él mismo me ha dado. Soy feliz de servirlo en estos hermanos porque descubro que compartiendo con ellos nuevamente recibo el ciento por uno.